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GONZALO MILLÁN
Y ahí está Gonzalo Millán con su chamarra
En ese hospital de Chile allá en el 2004
Y la lectura de sus poemas en aquel auditorio
Si es la traslación o el fracaso de no conocerlo
Y de no adiestrarme en su poesía de los herederos del limo
Como un pez que ha dinamitado la copa de su río
Si Osiris es el brindis y ese es el juicio que no ha de tocar a los dos
Por la misma virtud o el mismo pecado
Por esa poesía que escribimos y no escribimos
Para gritar o silenciarse en esa manera de arrugar la lágrima del prójimo
Y esconderla en nuestra propia rosa
Hoy que “la mesa es de madera”
Y “la cuchara es cóncava”
Y que pretendemos comer la tierra
Las piedras imaginarias de un solo mordisco
Allí con ese pastel de Chillán y las borgoñas de Santiago.
Gonzalo, si la madre del día nos trajo ese aquelarre,
El agua silabeante del ying y el yang
Cuando por debajo nos hipnotiza un dragón
Y las ermitañas ponen la pausa y el denuedo,
El gorrión con patas de venado
Que desmembrana el encuentro, salvo que la nieve es sangre
Y que los Andes demandan sangre y queltehues de huesos
Pródigos, como la sal de las danzas invernales
Si la eternidad es sosiego y una leve confesión del polvo
Si esto es Dios: una desaparición de un poeta más;
Te has desdibujado con el bostezo
En lo que nos tirita la materia y el espacio
Y el discurso de los antropófagos que se llevaron tu carne
Inmemorial y vegetal para que te multipliques
Como las autobiografías de la tierra
Los árboles, los nidos, los gorjeos,
La fauna y el tedio, la casa y el café
La ternura y las comidas, cuando le falta fuego al horno
Y al exorcismo
Para llamearnos
Con la única vocal
Que amaste de las cuecas chilenas.
Toma este diminuto caracol
Y las cuencas vaciadas del mar;
Yo siempre he querido una casa
Una casa en las ideologías del mar
Que nunca se caiga y que nunca se acueste
Que parezca una axila de muchacha dispersa y que posea dominio de ciudad deshabitada
Como una elegía ininterrumpida que nos nazca de la boca del estómago
A todo eso, que indague sobre el condumio de los alerces
Y de los lagos fantasmales al sur de Chile
Y hoy ha venido la muerte vestida de huazo
Y te ha invitado a ese coloquio del silencio
El que todos tendremos
Si la luz es tu puerta
Con una mujer y su exceso de ángeles y diablos en el espinazo,
Esa mujer que es ella misma y la memorización del sueño
Y ahí va Gonzalo, descalzo en su desnudez,
En su grandeza de palabras como todos los acertijos
Y faltará fatiga para deglutirnos la vida
La vida se ha terminado
Y las aceitunas secas,
el pebre dormido
Y los vasos de vino enterrados
Son ahora los testigos
De tu territorial cosecha
Cuando estamos solos
“bajo el refrigerador del infierno”
Tocando tus cenizas
Observando nuestra única muerte
Desbaratada
Contra el vacío.
Javier Alvarado, 16 de octubre de 2006
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